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domingo, 20 de abril de 2008

“Son Latin Kings, pero están cantando”

Carlos Piegari, coordinador de asuntos juveniles de Fedelatina (Federación de Entidades Latinoamericanas de Cataluña)


















Carlos Piegari llegó en 2004 de Argentina y es periodista, cuando se le pregunta por la imagen que trasmiten los medios de los inmigrantes, aclara que no se puede generalizar y considera que hay una clara diferencia entre el buen tratamiento que hace la televisión pública tanto española como catalana y el enfoque poco responsable de muchas cadenas privadas. Piegari destaca también la importancia de la prensa de proximidad dirigida por los propios inmigrantes, semanarios rumanos, diarios latinos... Y este fenómeno no sólo se da en prensa, los inmigrantes también dirigen medios de televisión y radio.

Piegari es bastante autocrítico y afirma: “La imagen es construcción de dos, el que mira y el que hace”. Según él, el periodista puede deformar un hecho, pero destaca también el papel de los inmigrantes para hacer más difícil a los periodistas publicar falsedades. Lo primero que les dicen a los chicos en Fedelatina, cuenta Piegari, es que si les viene un fotógrafo pidiéndoles que le hagan el gesto de los Latin King, que no se lo hagan. “Luego viene un chico quejándose porque lo sacaron en el diario como si fuese un pandillero, y yo les digo que el problema también es suyo por hacer el gesto que le pedían”.

Carlos Piegari tiene dos anécdotas sobre el tratamiento sesgado y manipulador de los medios. La asociación que dirige fue la encargada de intentar integrar a los Latin King para que abandonasen las acciones violentas, lo lograron con un tercio de los miembros de la banda, que se reúnen semanalmente en los espacios de Fedelatina para participar en diversas actividades culturales o formativas, “ya casi no cabemos aquí”, cuenta Piegari que ha de lograr realizar actividades que les resulten interesantes a los chicos utilizando los escaso metros de la asociación, por lo cual reciben ayudas de la Generalitat. Precisamente esta reconversión de los Latin King recibió una atención mediática muy grande y el año pasado, cuando Piegari estaba en la Feria de Abril de Barcelona con un grupo de chicos latinoamericanos que cantaban en coro, un periodista le acusó de que sus chicos cantores eran en realidad Latin Kings, “me dijo que estábamos ocultando Latin Kings”. “No son Latin Kings son chicos que cantan”, le respondió. Pero el periodista había ido a hablar con los chicos animándolos a contar que eran o habían sido Latin Kings, así que le dijo a Piegari “yo lo gravé y me dijeron que eran Latin Kings”. Lo que Carlos Piegari no quería admitir es que esos chicos se dedicaban a realizar actividades violentas, y aunque hubieran sido alguna vez Latin Kings, precisamente de lo que se encarga su asociación es de que abandonen las actividades violentas, así que le respondió: “De acuerdo, son Latin Kings, pero están cantando”.

La otra anécdota la vivió dentro mismo de su asociación, “vinieron de Tele 5 a gravar un programa sobre los Latin King”. El problema, sin embargo, fue que lo introdujeron en un programa dirigido por Mercedes Milà que “a priori”, quería demostrar que España está siendo invadida por bandas latinas”. La televisión privada “no da el tono” en el tratamiento del tema de la inmigración, explica Piegari, “no creo que la privada tenga que estar libre de control”, afirma.

Aún así, Carlos Piegari niega que el tratamiento de la inmigración en los medios sea malo en general, “se matiene más o menos dentro de los códigos deontológico”. Pero Piegari critica las constantes generalizaciones, “si hay una banda” y está formada por peruanos el medio dirá “la banda de los peruanos”, explica. Lo que critica Piegari es que se destaquen nacionalidades, ya que si un crimen lo han cometido unos catalanes no se subraya este aspecto.

Piegari nos cuenta otro caso en que los medios dieron un mal tratamiento desde su punto de vista. “El periodista partió de un hecho real”, explica, una pelea entre latinoamericanos delante de una discoteca, “¡pero el titular!”, se indigna Piegari, ya que titularon <>. “El nombre que le das a las cosas es la interpretación que transmites”, explica Piegari, “lo que dices puede ser cierto, pero la idea que transmites [por ejemplo la de que los latinos son violentos] no”.

¿Cómo repercuten los mensajes de los medios en la opinión pública? “Mucho”, responde Piegari, “lo leí en el periódico”, “lo vi en la tele” o “lo encontré en internet”, cuenta que dice la gente como si el hecho de aparecer publicado ya le confiriese un estatus de dogma. ¿Son los españoles cínicos o hipócritas? “¡No, no!” responde taxativo el periodista argentino y destaca por ejemplo la calidad de gran parte de la prensa española, que queda muy lejos, según afirma, del racismo del que hace gala a menudo por ejemplo la prensa italiana o francesa.

Piegari se declara contrario a todos los nacionalismos, “yo soy enemigo de los nacionalismos”. Los nacionalismos, considera, “se crearon con el culo, con calzador, en todos los países y en todos los continentes”.

Piegari afirma también que utilizar a los inmigrantes “es una forma fácil de atacar a Zapatero y a la izquierda”. Pero se pregunta: “¿Porqué es un problema la inmigración?”. Piegari tiene datos fehacientes de los efectos positivos de la inmigración en muchos sectores, “los inmigrantes evitaron que la crisis de la construcción se produjera mucho antes”, afirma, “porque eran ya los únicos a los que podía convencer de que se hipotecaran”. Lo mismo ha sucedido, explica Piegari, en sectores como el de los electrodomésticos o la telefonía móvil, que sin los inmigrantes estarían en crisis. Piegari apunta que los principales perjudicados cuando se produce una desaceleración económica son los inmigrantes, “si algún catalán quisiera encontrar trabajo de camarero, limpiador..., no encontraría?”. “El inmigrante es el proletario de hoy en día”, explica Piegari.

Entrevista y redacción, Roberto Blanco

viernes, 29 de febrero de 2008

Los "inmigrantes", una cuestión no sólo de nombre














Muchas veces he reflexionado sobre esta palabra y creo que vale la pena comentarlo. Los inmigrantes, ese conjunto de personas a las que tendemos a enjaular dentro de un nombre que parece arrebatarles cualquier otra identidad. El inmigrante lo es desde nuestro punto de vista; el inmigrante viene a “nuestro” país y se plantea como una idea que nos permite ver la realidad de esta gente únicamente de nuestro punto de vista. Es un término sesgado, corto de miras, y a su vez, estigmatizador, porque los inmigrantes parecen serlo para toda la vida, e incluso hablamos a menudo de inmigrantes “de segunda o tercera generación”, cuando a lo que nos referimos realmente es a los hijos de nuestros conciudadanos inmigrados.

Es cuanto menos curioso además, que la denominación de inmigrante tendamos a dejarla para toda la vida a esa gente que un día decidió venir a esta tierra, trabajar, establecerse en ella, y fundirse en ella sin dejar de ser ellos mismos e integrar junto a nosotros las ramas de su vida y la de sus descendientes. Se hace sobretodo extraño que esta palabra se convierta en una marca de por vida, o que parece eliminar cualquier otra característica de los seres a los que nos referimos con ella, porque la propia palabra inmigrante parece indicar una acción continuada –que nosotros convertimos en eterna– de inmigrar. Si miramos con transparencia la palabra veremos que parece referirse a alguien que siempre está inmigrando, por lo que no creo decir ninguna barbaridad al afirmar que al hablar de inmigrantes casi siempre nos equivocamos de término. La lengua es algo complicado y no es raro que las palabras signifiquen algo diferente de lo que letra por letra parecerían significar; sin embargo, utilizar un término u otro tampoco es baladí. No es lo mismo decir Generalitat o Generalidad; no es lo mismo decir negro que negrata, sudamericano que sudaca. Cada una de las palabras esconde unos matices y deberíamos entender que unos matices son menos deseables que otros.

¿Por qué no hablar entonces de inmigrados y no de inmigrantes? Es más, de ciudadanos, eso sí de origen extranjero, inmigrante, inmigrado, o como se le quiera decir. ¿Acaso no viven ya aquí?, ¿a caso aún no han llegado?, ¿a caso estamos tan lejos de ellos que parece que ni podemos admitir, mediante una palabra, que ya forman parte de nuestra sociedad? El inmigrante es alguien con un nombre, con un lugar de origen, con un oficio, una personalidad, unos proyectos, alguien que es posible que quiera quedarse en este país y que no se merece que se le marque siempre como un ser de inferior categoría. Porque ni siquiera son “inmigrantes”, porque -no nos engañemos- para la mayoría de ellos éste es su sitio, por mucho que a menudo reciban el rechazo por parte de algunos de nosotros. Personas inmigradas, que un día llegaron a aquí o a tierras cercanas, que viven con nosotros o cerca de nosotros, y que merecen ser tratadas con el mismo respeto que el resto de ciudadanos, a pesar de tener incluso algunos derechos menos, como el derecho de voto. A menudo, incluso, les atribuimos problemas que ni siquiera les pertenecen. Porque casi nunca hablamos de ellos, y casi siempre que lo hacemos es para destacar algo negativo. Porque ni siquiera estamos acostumbrados a hablar con profundidad de este fenómeno y seguimos refiriéndonos a la integración como un deber de los ciudadanos inmigrados, cuando lo único que queremos indicar es la superioridad de nuestra existencia sobre la suya. Aún cuando no sabemos nada de ellos; creemos saber, pero la mayoría de nuestras creencias sobre eso que llamamos los “inmigrantes” no son más que memeces que reflejan nuestros miedos. Estos ciudadanos son parte de nosotros. Conciudadanos con nombres. Con orígenes, con culturas, pero siempre más que una tópica y simplista palabra, inmigrante.