sábado, 17 de abril de 2010

Accidente presidencial de Polonia; primeras percepciones desde un tren a Varsovia

El móvil de un hombre suena y la noticia vuela. Así se transmiten en cuestión de minutos las noticias hoy en día. En un vagón que parece de otra época, en una cabina de tren. Cinco jóvenes y un hombre de negocios serio y de frialdad turbadora. En este ambiente llega la noticia al tren de Poznan de las 10.30 que va camino de Varsovia, son ya aquello de las 11.15.

Uno de los jóvenes tiene el privilegio de ser el primero en recibir la noticia y responde incrédulo a lo que le cuentan y piensa que es una broma. Quien le habla es su propia madre, pero ante una noticia de tanto calado hasta el más santo parece mentiroso. Yo tengo la suerte de estar en el meollo, quien cuenta las historias es mejor que las haya vivido. La suerte de estar en Polonia, la suerte de estar justo de camino a la capital, donde no todo pasa, pero una buena parte; y por último, la suerte de conocer al joven que recibe la exclusiva.

Los otros jóvenes cogen enseguida el hilo de la conversación. Estos jóvenes no se conocen entre ellos, pero el ambiente es cercano y miran intrigados al elegido mientras miradas y gestos le exigen que desembuche. Él recibe toda la información y la cuenta. En pocos minutos, a lo mucho en cuestión de horas, todo el país recibe la noticia, pero los trenes continúan en marcha.

“Ahora vivís en un país sin gobierno -les digo para testar sus impresiones-, podéis hacer lo que queráis”. El presidente del país ha fallecido en un accidente de avión, con él su mujer y otras varias decenas de altos cargos de representantes del estado.

Pido explicaciones, pido opiniones. En un principio estos jóvenes de esa cabina parecían decir que tanto el presidente polaco como su hermano gemelo (otro de los políticos polacos más importantes de la escena del país) estaban en el avión siniestrado, cosa que se ha demostrado falsa. Quizá era porque así lo deseaban, o quizás sus inconscientes. ¿Puede alguien desear la muerte de otra persona? Podemos discutir si está bien o no, si es es ético, pero mucha gente puede alegrarse de tal desgracia ajena.

Hagamos un pequeño retroceso explicativo. El presidente de Polonia, Lech Kaczyński no era el ni de largo el presidente más popular que ha tenido el país. Muchos eran sus detractores, y también era algo ampliamente conocido entre la gente del resto del mundo, entre aquellos que sigan mínimamente la actualidad internacional.

Ser joven no quiere decir ser insensato o irreflexivo. Una interesante reflexión de uno de los jóvenes del vagón, justo después de recibir la noticia lo demuestra: “ahora durante una semana la gente estará muy unida por esta tragedia, pero después de una semana todos los políticos comenzarán a pelearse como antes”. Y no sólo los políticos, la gente también tiene opiniones políticas y quiere defenderlas. Cuando uno comienza a decir lo que piensa muchas veces surgen diferencias de opiniones.

Tras la tragedia polaca las instituciones del país han decretado una semana de duelo, las magnitudes políticas de la tragedia son importantes, al menos desde el punto de vista psicológico y simbólico. Un presidente es alguien elegido por su pueblo y aunque después de su elección pueda perder su popularidad el fallecimiento del presidente de turno representa perder el liderazgo que el país se había dado. Por supuesto esto es teórico y, si bien muchos polacos consienten que se llore la tragedia, muchos otros ya alzan ahora sus voces, cinco días después, para rechazar que se de una imagen de héroe al difunto presidente.

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>> Directo desde Liège, testimonio de un visitante en Polonia. Nunca se sabe qué va caer desde el cielo cuando uno mira una paloma que vuela... Se trata de estar en el lugar acertado, casualidad y abrir los oídos.
Más notas de reportero dicharachero en breves ; )

R. B. R.